CANAL DE MARÍA CRISTINA PDF Imprimir E-mail
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Albacete - Albacete General
Escrito por pinotoril   
Miércoles, 13 de Enero de 2010 23:57

CANAL DE MARÍA CRISTINA

 

 

De cuantas empresas se han realizado en Albacete desde sus más primitivos tiempos hasta hoy, ninguna puede compararse con la apertura del Real Canal de desagüe. Las realizadas desde entonces habrán contribuido en mayor o menor grado el engrandecimiento y prosperidad de nuestro pueblo, pero aquella es la madre, digámoslo así, del vecindario de Albacete, puesto que sin la apertura del Canal Albacete no existiría en la actualidad, para convertirse en una inmensa laguna, sobre cuyas pestilentes y mortíferas aguas, solo vivirían los insectos portadores de las fiebres, que durante muchos años fueron el azote de sus habitantes.   Toda la zona de los Llanos albacetense está delimitada por curvas de nivel de los 700 metros y ésta, a su vez, rodeada en todo su perímetro por curvas de más altas cotas. Por ello, se configura una cuenca endorreica

 (afluencia de aguas al interior de un territorio sin desagüe al mar o un río) en cuyo centro está, aproximadamente, Albacete, con una altura sobre el nivel del mar de 686 metros en el Alto de la Villa, donde se estancaban, hasta tiempos recientes, las aguas de escorrentías y pluviales, formando lagunas permanentes o charcas temporales y, en determinadas épocas, inundaban calles y casas de la ciudad.

 

Los datos históricos más antiguos son de finales del siglo XIV, momento en que tuvo lugar la segregación de la aldea de Albacete del concejo de Chinchilla para constituirse en villa con alfoz (distrito con diferentes pueblos, que forman una jurisdicción sola) propio. Enseguida el Infante D. Juan Manuel inicio la construcción de una red de canales – el río de Don Juan y el Canal de la Lobera – y acequias en la comarca para traer el agua del río Balazote y de la laguna del Acequión por el canal del mismo nombre, para llevar el agua a un cauce mayor, capaz de mover algunas ruedas de molino y algunos batanes. Toda esta obra es llevada acabo para repoblar estas tierras que antes eran eriales.

 

Este cauce mayor, citado anteriormente, cabe la posibilidad que fuese el aliviadero de las aguas de esta zona endorreica, por tanto estaríamos ante una infraestructura con el mismo objetivo que el Canal de María Cristina, el cual seria un precedente. No tenemos apenas noticias al respecto de cual seria su recorrido, únicamente una cita del historiador Pretel que nos habla del derramadero y del despeñadero del agua en la aldea de Abenlupe fechadas en 1457.

 

El primer proyecto de un canal de desagüe fue realizado en 1773 por fray Marcos de Santa rosa de Lima, del que se hizo eco el Conde de Floridablanca, quién ordenó la conclusión del plano de desagüe y la ejecución del mismo en el año 1787, en agosto debían comenzar las obras, corriendo los gastos a cargo de los propios albacetenses, pero no se recogieron fondos suficientes y la empresa se malogró antes de comenzar. Los buenos deseos del prócer murciano no se hicieron realidad por falta de medios.

 

No se logró reunir el suficiente capital, a lo cual sucedió un gran desánimo a la fracasada tentativa, y a los trece años que a ella siguieron fueron terribles. Vinieron las inundaciones; se estancaron las aguas y se corrompieron en torno a la Villa. Faltaron los brazos para el cultivo, y las mejores tierras quedaron sin labrar. La quinina y otras drogas fueron artículos de primera necesidad; se llegaron a vender por las calles. Incluso se llegó a no tener que avisar al cura para el Viático (sacramento de la Eucaristía, que se administra a los enfermos que están en peligro de muerte) sino que aquellos salían diariamente a recorrer las calles por los diferentes distritos, y un papel blanco fijado en la puerta de la casa era el aviso de la necesidad de los últimos sacramentos. Cada día se notaba más el recalo del agua, que casi manaba por los suelos; y se sacaba de los pozos a mano sin necesidad de soga; en algunos sótanos nadaban tinajas; hoy se arruinaba un paredón y mañana una cueva, y al otro se hundía una casa, presagiando todo que Albacete iba a verse reducido en un montón de ruinas.

 

A finales de 1802 el Rey Carlos IV de regreso de Barcelona por Valencia se detuvo en Albacete, donde fue obsequiado por el Conde de Villaleal, que valiéndose de ingeniosa estratagema, le hizo ver por sus propios ojos, el miserable estado de aquellos terrenos insanos y baldíos, y aun la miserable situación de la Villa diariamente mermada. En consecuencia de aquella visita saldría el proyecto de canalización de las aguas estancadas para el saneamiento de la villa.

Llegado Carlos IV a su corte, decretó en seguida, un nuevo y definitivo estudio del canal, encomendándolo al ayudante de la inspección de Caminos D. Antonio Bolaños, y nombró luego una junta constructora, cuya dirección económica confió al propio Conde de Villaleal, a este principalmente se debió cuanto aquella ansiada obra.

Por Decreto de 1 de agosto de 1804, y en virtud de una instancia que dirigió el pueblo de Albacete al Rey, de la que fue portador el Conde de Villaleal, que se procediese al desagüe de las lagunas con arreglo al plan formado por el ayudante de la Inspección General de Caminos D. Antonio Bolaños.

 

Por la importancia de este acontecimiento copio el texto de Sánchez de la Rosa, publicado en el periódico LA VERDAD de 26 de septiembre de 2004.

Los cronistas de esa época no regatean elogios a un monarca, el Rey Carlos IV, artífice de esta obra trascendental. que contribuyó a la supervivencia de Albacete, gravemente amenazada. Joaquín Quijada, autor del libro “Albacete en el siglo XX”, comenta a este respecto: “La población de Albacete estaba llamada a desaparecer, y así hubiese sucedido si la providencia, la casualidad o como quiera llamarse, no hubiera hecho que el rey don Carlos IV pasase por esta ciudad en el año 1802, de regreso de Barcelona. Vio una inmensa llanura, antes rica y fértil, asolada por las aguas; conoció por si mismo las fuentes origen de tantos males, y como consecuencia de ello resolvió por su decreto de 1 de agosto de 1804 y en virtud de una instancia que le dirigió el pueblo de Albacete, de la que fue portador el Conde de Villaleal, que procediese al desagüe de las lagunas con arreglo al plan formado por el ayudante de la Inspección General de Caminos, don Antonio Bolaños”.

Lamenta el historiador que sucesivos ayuntamientos no hubieran correspondido con algún homenaje a esta histórica decisión. Por fin, pasado el tiempo, se le dedicó una calle, la actual de Dionisio Guardiola, el rotulo pasó a otro lugar. Hoy no existe. 

 

Se construyeron cinco cauces subalternos; uno para el desagüe de la laguna del Salobral, otro para la laguna de Albaidel y la de Acequión, otra para la laguna de Oya-Vacas, otra para la laguna de la Fuente del Charco y otro para las aguas de los Ojos de San Jorge. Todos estos cauces condujeron las aguas a un punto céntrico llamado “la reunión” desde donde comienza el Canal principal que recorre el termino municipal del suroeste al noreste hasta desaguar en el río Jucar entre Valdeganga y Jorquera. También se construyeron tres puentes de sillería, del Camino Real, de la escaleritas y del Camino Jonquera, y varios de madera, un lavadero y se plantaron 9.000 olmos en los quijeros (lado en declive de la acequia) del Canal, habilitándose un terreno para vivero en el sitio llamado Huerta del Rey; y se construyeron dos partidores maestros uno sobre el canal principal, y otro en la confluencia de los cauces antes descritos, para que las aguas no se fuesen a perder, sin regar primero las tierras contiguas a la población.

 

 

Con la declaración de la guerra de la Independencia, y con la muerte del Conde, ocurrida, aquel mismo año de 1808, hubieron de suspenderse los trabajos para reanudarlos en 1816. Después de la guerra comienza la segunda época. Las obras tendieron a ampliar y perfeccionar lo realizado y a organizar un sistema de riego estable.

 

Bajo la influencia protectora de la reina María Cristina y la dirección económica del ex ministro chinchillano D. Antonio Cano Manuel, fiscal cesante del Consejo Real y de la Cámara. Nombrado Director de la empresa, dedicó sus conocimientos a perfeccionarlo y ampliarlo, pretendiendo hacer más fructífera la obra. Este nombramiento es el principio de la tercera época del canal.

Se reconocieron las obras ejecutadas y se estudió su mejoramiento, rectificación y ensanche de cauce, métodos de riego, etc., y se proyectó el aprovechamiento de las aguas del río Balazote que en su mayor parte se pierden. Nace, este río, en los ojos del Arquillo y Villaverde y en las fuentes del Chopo y Castellar, discurre por varios cauces naturales que suministra riegos imperfectos y mueve algunos artefactos, perdiéndose la mayor parte de sus aguas y llegando una poca cantidad al canal. El 17 de noviembre de 1829 se midieron las aguas de aquel río, a fin de dar a más tierras el beneficio del riego y hacer navegable el canal.

La magnitud de la obra y la escasez de recursos que en 1830 había suspendió la ejecución de lo proyectado aplazándose indefinidamente; pero esto no disminuye el mérito, ni la gratitud que Albacete debe al celoso Director D. Antonio Cano Manuel, que formó el proyecto y procuró con cuantos medios estuvieron a su alcance llevar al limite el beneficio que podría reportar la empresa.

 

Planteado en la Nación un nuevo régimen político, pasó la administración del canal a depender del Crédito público, y la oficinas de la provincia de Albacete se incautaron de dicha administración cesando el gobierno del canal y entrando en la masa común de los Bienes Nacionales, como la casa en la calle Mayor numero 53, llamada después de las Comedias, donde se almacenaba el grano y productos del canon que se pagaban por el uso de las aguas del canal. Todos estos bienes se fueron subastando, incluso en 1849 llegó a ponerse en venta el Canal en subasta pública por 8.905.093 reales, como finca titulada Real Canal de María Cristina. El 14 de febrero de aquel año se celebró la subasta en Madrid y se la adjudicó D. José Antonio Font, vecino de aquella corte, por la cantidad de 9.016.500 reales. Y aquella gran obra, por cuya realización lucharon los albacetenses, vino a ser propiedad particular, afortunadamente no debió parecerle un buen negocio al Sr. Font lo que había adquirido y no realizó el pago.

 

Las obras se conservaron en buen estado por bastante tiempo porque el tesoro suministraba los fondos que para tal fin, sin reparar en los productos que se obtenía, más cuando se vio la gran diferencia que resultaba en los gastos sobre los beneficios, se dio la orden para no gastar en el canal más cantidad de la que anualmente produjera. De aquí precede una decadencia, que con ocasión de unas grandes lluvias en 1860, se experimentase ya de una manera alarmante sus fatales consecuencias, sobrevinieron inundaciones que llegaron a la población. Faltos de limpieza los cauces del canal, se habían encenegado hasta cerrarse por algunos puntos, y como consecuencia las aguas se extendieron formando las antiguas lagunas; todas las tierras bajas encharcadas, las cuevas de las casas se inundaron y en la calle de la Feria se hacia uso de botes. La salud pública volvió a resentirse, especialmente en el Salobral donde el paludismo llegó a producir verdaderos estragos en el otoño de 1861.

 

D. José Alfaro Sandoval, rico propietario albacetense, diputado a Cortes y persona de gran influencia política, realizó incesantes gestiones para arreglar y ensanchar los cauces, pero el Ministerio de Hacienda consideraba que el dinero invertido en el canal no se había reintegrado ni era posible que se reintegrase al Tesoro, pues se demandaba más gastos que productos rendía, se negó a hacer las obras. Gracias al empeño del señor Alfaro, y de cuantos hijos de Albacete que contaban con alguna significación en las esferas del Gobierno, se logró en 1862 que el canal como obra pública pasara al Ministerio de Fomento, y de sus fondos generales puso 1.307.922 reales a la salvación de esta villa.

En abril de 1863 empezaron importantes obras que dieron mayor ensanche y profundidad al canal, cometiéndose el desacierto, aunque repetidas reclamaciones de la Corporación Municipal, de cortar muchos árboles que daban firmeza a los márgenes, terminaron dichas obras en junio de 1866. Así se libro la población de la ruina que nuevamente amenazaba y se mejoró el estado general del canal, el cual estuvo en buena situación el poco tiempo que fue agregado al ramo de Obras Públicas.

Pero como aquella agregación se había hecho atendiendo más a influencias políticas que a la justicia, llamó la atención que se titulase de interés general una obra que sólo afectaba a un pueblo, y que para su conservación se gravaran los presupuestos del Estado. Consecuencia de ello fue que el Ministerio de Fomento rechazara la administración, el de Hacienda no quisiera incautarse nuevamente de ella y hasta la Diputación Provincial no la aceptara, viniendo en 1869 a poder del Ayuntamiento de Albacete. Los escasos beneficios producidos por el canal entraban en las arcas confundiéndose con los presupuestos municipales, y ni se gastaban, cual debiera, en su conservación, ni llenaban las arcas por falta de celo en la cobraza del canon, que se llegó a dejar de pagar. El estado del canal llegó a un extremo lamentable, en muchos puntos, especialmente en Tinajeros, convertido en camino el quijero (lado en declive de la acequia) cuando no labrado por los propietarios colindantes. Represadas las aguas con toscos murallones y elevada más de un metro la solera (superficie del fondo en canales y acequias) con la aglomeración de cieno é inmundicias.

 

En el año 1890 ocupase con interés el alcalde D. Antonio María Picazo de remediar aquél vergonzoso abandono y tomo algunas disposiciones, que no pudieron tener la debida amplitud y desarrollo por el poco tiempo que la política le permitió ocupar la alcaldía.

 

El canal, cuya longitud es de 32 kilómetros, fue llamado en principio Real Canal de Albacete, seguramente por la singular protección que dispensó Carlos IV; después de María Cristina, cuando la empresa en su tercera época buscaba el apoyo de la reina Gobernadora; más tarde Nacional, respondiendo a la fiebre liberal de aquellos días; después Canal de Albacete; y años posteriores pasó definitivamente a llamarse Canal de María Cristina, según costumbre popular.

 

En la década de los sesenta del siglo XX fue cubierto una parte del canal, por causa de algunos casos de fallecimiento por neuritis, que suscitaron la natural alarma en Albacete al incidir especialmente sobre la población infantil.

 

Muchos albaceteños recordaran o habrán oído hablar de la zona de recreo del Palo o la del Vivero. Del Palo se conservan imágenes casi idílicas cuando la palabra contaminación estaba fuera del lenguaje común, enjugó el sudor juvenil de miles de chavales que iban a aquel remanso próximo para bañarse, mientras la ciudad estaba atrapada por los rigor estival con muy pocas alternativas, que eran las balsas que en sus alrededores se encontraban, ya que la primera piscina, la de Educación y Descanso, fue construida en 1949. Y el Vivero, en el mismo canal, un lugar de esparcimiento al que eran trasladados los bañistas desde la calle de Caldereros, por 16 reales ida y vuelta.

 

Hoy estamos de enhorabuena, nuestro Ayuntamiento esta trabajando en el proyecto de recuperación de este Canal, junto con la Junta de Comunidades y la Confederación Hidrográfica del Jucar, que se desarrollará en tres fases llegando hasta la localidad de Tinajeros, con una longitud de 14 kilómetros, igualmente se proyecta un camino de servicio y sendas para recorridos peatonales y cicloturísticos. Que ya podemos disfrutar hacia la “Reunión” en la Huerta del Rey y más allá uniéndose con la vía verde Ruta del Quijote. Asimismo, las obras proyectadas permitirán la mejora del sistema de evacuación de aguas pluviales de la ciudad de Albacete a través del canal reduciendo el riesgo de inundaciones.

 

 BIBLIOFRAFÍA:

Sánchez de la Rosa, periódico LA VERDAD, 26 de septiembre de 2004

Sánchez de la Rosa, periódico LA VERDAD, 21 de enero de 2005

Silvestre Jiménez, suplemento HISTORIA DEL CANAL DE MARIA CRISTINA DE ALBACETE, en dos entregas

Antonio Herrero Bisquert, periódico LA TRIBUNA DE ALBACETE, 14 de marzo de 2005Irene Soriano, periódico LA TRIBUNA DE ALBACETE, 19 de febrero de 2005

José Sánchez Ferrer, EL CANAL DE MARÍA CRISTINA, del libro ALBACETE EN SU HISTORIA, págs. 269 a 274. 

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